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Detección y prevención de riesgos psicosociales como factor de impacto en la productividad empresarial

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Más allá de lo que marca la nueva normatividad en este rubro en México (a través de la "nueva" NOM035 STPS 2018), cuyo cumplimiento por parte de las empresas estará sujeto a revisión por parte de la autoridad a partir de octubre del 2020, la responsabilidad que las organizaciones que proporcionan trabajo a las personas tienen para crear medios ambientes laborales que favorezcan el bienestar de sus colaboradores debiera ser algo que no requiriera ser una exigencia legal, sino una convicción de los principales tomadores de decisiones que comúnmente son quienes se encuentran en los puestos de más alto nivel jerárquico en la organización, empezando obviamente por la cabeza principal, es decir, los propietarios del negocio, Director General, Presidente o CEO.

Si bien, muchos aspectos de la globalización en el mundo de los negocios permearon rápidamente en nuestro país, algunos otros se han estancado de manera incomprensible y este rubro es precisamente uno de esos aspectos. En Europa y EU desde los años 60's comenzaron a generarse investigaciones serias al respecto, a partir de ese momento no han parado de darse pasos importantes en el sentido de conocer, identificar y medir los impactos que el trabajo y las condiciones en que se desarrolla este impactan en la sanidad psicológica de los seres humanos, al tiempo que se descubren sus repercusiones colaterales que se desencadenan hacia los estados de salud física. Lo que la ley señala respecto a los factores de riesgo psicosocial, tanto en el Reglamento Federal de Seguridad y Salud en el Trabajo (RFSST), como la NOM-035-STPS-2018, Factores de riesgo psicosocial en el trabajo-Identificación, análisis y prevención (Norma) es un esfuerzo por parte del gobierno para tratar de equilibrar la balanza con nuestros socios comerciales y sobre todo de proteger a las personas en uno de los derechos humanos fundamentales: el de la salud; y que so pretexto de no minar la competitividad del país en uno de los elementos en que "es fuerte" se ha omitido su adecuada atención, pasando por alto en muchas ocasiones flagrantemente el reconocimiento como tal, es decir como un derecho universal que no debiera estar en tela de juicio.

Si de manera simplificada se define a la productividad como producir más utilizando para ello la menor cantidad de recursos posibles, es decir hacer más con menos, debería ser lógico pensar que esos recursos que se utilicen deben encontrarse en óptimas condiciones para poder aprovechar al máximo su aporte al proceso productivo. Para casi cualquier directivo de alto rango o empresario al frente de una compañía sonaría descabellado utilizar una máquina para producir insumos de un producto terminado (tómese como ejemplo un proceso industrial de transformación cualquiera), en condiciones inadecuadas que la pongan en riesgo de sufrir fallos que no sólo impactarían negativamente su funcionamiento y por ende la productividad que de ella puede esperarse, sino que además pondría en riesgo serio su inversión en ella, ya que podría dañarse gravemente. Ningún ingeniero a cargo de la producción con la mencionada máquina, en su sano juicio permitiría que se trabajara con un voltaje menor al requerido por las especificaciones técnicas por ejemplo, o que se ubicara en un lugar mal ventilado y en el que derivado de ello la acumulación de calor pudiera provocar cuando menos inconsistencias en su funcionamiento y en consecuencia en la calidad de lo que ésta máquina fabrica. De igual forma ningún gerente de logística sensato permitiría que los autos y/o tractocamiones bajo su responsabilidad para hacer entregas a clientes y/o atender servicios solicitados por éstos se pusiera en riesgo de sufrir averías serias por no utilizar los combustibles y/o lubricantes adecuados para un óptimo funcionamiento, ni que cuando requieren mantenimiento (ya sea preventivo o correctivo) se realizarán adecuaciones "hechizas" para ahorrarse unos cuantos pesos a sabiendas de que en un futuro inmediato las consecuencias que acarrearán en cuestión de riesgos de accidentes y costos podrían ser graves y mucho mayores que la inversión realizada al hacer uso de insumos de calidad en el mantenimiento.


Este tipo de decisiones "evidentes y lógicas" son fácilmente reconocidas por la mayoría de los directivos y en gran parte de los casos se evitan las malas prácticas en ese sentido, es decir, en el uso inadecuado de los recursos materiales, tecnológicos y/o financieros. Cierto es que como en todo en la vida, hay excepciones casi inexplicables de quienes actúan en sentido contrario al sentido común y tienen conductas "autodestructivas" pese a conocer de antemano las consecuencias negativas de la mala actuación, sin embargo, en las empresas rentables dichas acciones no son moneda corriente de cambio. Ello debiera conllevar a que el recurso más importante con que cuenta una organización que es el talento humano fuera tratado bajo los mismos criterios, pero para infortunio de la productividad empresarial no es así. Bajo la falsa creencia de que el ser humano aguanta todo y es capaz de adaptarse a cualquier circunstancia, lo cual es verdad en cierta medida, pero no sin pagar los costos derivados de ello. A este factor de la producción se le deja al garete y se le presta poca atención más allá de ofrecerle una retribución siempre considerada como justa por parte de quien la ofrece y se le exigen "las perlas de la virgen" a cambio de ello.

Por eso es que, por sorprendente que parezca, la inversión que hacen las empresas en generar ambientes de trabajo adecuados en los que las personas debieran sentirse a gusto y en consecuencia motivados a dar lo mejor de sí mismos en la realización de su trabajo, sin tener que sufrir las consecuencias de trastornos psicológicos que derivan de tratar de adaptarse a condiciones adversas y muchas veces perjudiciales que deben tolerarse pues "no queda de otra", es realmente muy poca y se realiza a regañadientes, considerándose "un mal necesario" que si puede minimizarse lo más posible o de plano evitarse, se hace así. Y en ello entra todo lo que tiene relación con las condiciones en que la gente desempeña su trabajo diario (horarios, instalaciones adecuadas, cargas de trabajo asignadas, trato con los compañeros y con los superiores, remuneraciones, definición precisa de funciones y responsabilidades, claridad en lo que se espera en lo que a resultados se refiere, estilo de liderazgo ejercido por el jefe inmediato, cultura organizacional, reconocimiento al desempeño, entre muchos otros factores), que indudablemente repercuten en el estado de ánimo y la motivación de los colaboradores y ésta a su vez en el desempeño y en la generación de resultados.

Lo anterior nos permite deducir fácilmente que si las condiciones en que se desempeña el trabajo (contemplando lo mencionado en los últimos renglones del párrafo anterior) son adecuadas, en consecuencia habrá un incremento en la productividad y por ende impactará positivamente la rentabilidad del negocio, pero por el contrario, si éstas condiciones son inadecuadas y pobres, ocurrirá el efecto contrario, es decir, se tendrá una baja productividad y en consecuencia mala rentabilidad.

Por ello es que la identificación de factores de riesgo psicosocial en los centros de trabajo debiera ser un objetivo primordial para las empresas, pues es obvio que todas persiguen obtener los mejores rendimientos de su inversión, y esto sólo puede lograrse a partir de la generación (que se traduce en inversión correcta) de un medio ambiente organizacional adecuado y en constante mejora, para que quienes se desenvuelven en él, den lo mejor de si mismos todo el tiempo, en beneficio de todos los que forman parte de la empresa.

¿Le suena congruente lo aquí expuesto? Déjenos saber su opinión al respecto...



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